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La reivindicación del hombre frágil. Nocturnal Animals (Tom Ford, 2016)

 

La escritura es un ejercicio de profundo autoconocimiento. Muchas veces un retrato -intencional o accidental- del autor. Existe, entonces, la posibilidad de articular una interacción entre el proceso creativo y la experiencia personal.  Nocturnal Animals nos permite experimentar cómo se trasladan ciertos sucesos traumáticos de la vida personal a una obra literaria, siendo el cine el medio de representación.

Susan (Amy Adams), artista reconocida que disfruta de los lujos de quien es parte de la élite económica, está sumida en un insatisfactorio segundo matrimonio. La distancia con su actual pareja deja al vínculo en una situación de alta vulnerabilidad. Esta situación coincide con la llegada de un paquete, de parte de su ex esposo Edward (Jake Gyllenhaal). Acompañado de una carta, se encuentra el manuscrito de su primer libro: Nocturnal Animals, obra dedicada a Susan. Se establece, además, la posibilidad de un reencuentro. Susan se embarca de inmediato en la lectura.

En el contexto de la fragilidad de su actual matrimonio, caracterizado por la distancia e incluso el engaño, su único sustento actual es el modo de vida que les permite sus exitosas carreras profesionales. Pese a ello, surge el recuerdo de una relación más cálida, con un hombre que, si bien no le permitió consolidar riquezas, le motivó a revelarse contra el mandato familiar y dedicar su vida al arte: una acción contestaria para los ojos de la familia conservadora, tradicionalista y de poder económico.

Resulta curioso que, durante esa remembranza, Susan traiga a su mente la cena en que anunció el matrimonio con Edward a su madre, quien evidentemente reprueba y condena la decisión: considera que no es el hombre adecuado, lo acusa de débil, carente de ambición, inferior.

Susan la confronta, en un manifiesto intento por diferenciarse del legado familiar. Opta por el camino de la experiencia romántica con Edward y rechaza abiertamente las prácticas clasistas de sus progenitores. La madre, con un semblante sereno de quien sabe tiene la razón, declara que en unos años se arrepentirá, anhelará las comodidades de la vida burguesa. Según ella, toda hija termina convirtiéndose en su madre.

El peso de esta afirmación se puede visualizar en lo que resta del relato. Ciertamente el matrimonio entre Edward y Susan fracasa por razones extrañamente similares a las anticipadas por la madre. Esa continua caracterización como el hombre "débil", acompañada por la traición de Susan, marcan el conflicto identitario de Edward que traslada también a su rol como escritor. 

Conforme Susan avanza en la lectura, se despliega también una representación de la novela en la película. La historia es protagonizada por Tony, Laura e India, una familia tradicional que enfrenta las típicas dificultades de quienes tienen ciertas pretensiones de asenso social pero que muestran también algo de cercanía, principalmente entre los padres, ante la rebeldía de su hija adolescente. Emprenden un viaje por la carretera en el sur de Texas. En medio del trayecto, son interceptados por agresores que, en su euforia, locura y descontrol, terminan por secuestrar a Laura e India, claramente con la finalidad de agredirlas.

Incapaz de hacer algo por ellas, Tony es abandonado en medio del desierto. Curiosamente, mientras empieza a caminar en búsqueda de su esposa e hija, los perpetradores regresan por él. Uno de ellos grita: Señor, su esposa le necesita. Tony no responde y se oculta. Ante esta situación, los agresores se retiran y Tony logra escapar, no sin sentirse responsable de alguna manera por la desaparición de Laura e India. Qué clase de hombre permite que agredan a su esposa e hija, no sin antes exponer su propia vida, piensa.

Salvaguardando la experiencia de quien decida ver la película, no profundizaremos más en el relato de la novela. De regreso a la historia entre Edward y Susan, ella decide comunicarse con su ex esposo y propone una cita de reencuentro, de alguna manera motivada también por el desencanto con su actual matrimonio. Un claro intento de reparación con su antigua pareja, el hombre al que rechazó precisamente por su "debilidad" y con quien pretende restablecer el vínculo.

Este film de Tom Ford es un retrato de las polaridades identitarias que facilita la estructura sistémica dominante. Esta rige e influye directamente nuestra manera de relacionarnos. Visibiliza una cierta "configuración" mental del individuo y cómo esta se constituye en gran medida por las condiciones socioeconómicas, las tradiciones familiares y los patrones conductuales que se visibilizan con el paso del tiempo. 

Prestar especial atención a la construcción de la masculinidad bajo esta estructura es un resultado de la visualización de esta película. Invita a desprenderse de las determinaciones que comúnmente se atribuyen al hombre, por ejemplo. Ante la avanzada de los discursos de odio articulados hacia nuevas formas identitarias, resulta un ejercicio necesario. Un proceso muy personal, a fin de cuentas, pero que requiere de un posicionamiento consciente y de un análisis constante de los actos.

Es una verdad inocultable que el mandato hetero-patriarcal no solo aflige a las mujeres y disidencias, sino también a quienes se dan por supuestos privilegiados de esta lógica: los hombres. Edward canaliza esta experiencia en su novela y es inevitable empatizar con quien de una u otra manera se nos presenta como víctima. Susan, por otro lado, termina por convertirse en la promotora de la masculinidad tradicional y de la estructura de una sociedad conservadora ante la que siempre se ha mostrado tan crítica.

 

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