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En búsqueda del Perfect Match - Hang the DJ (Black Mirror).

Fiel a la particular visión distópica de Black Mirror, "Hang the DJ" (T. 4, ep. 4) lleva al límite la influencia de las aplicaciones de citas en la construcción de vínculos amorosos. Los algoritmos tienen la capacidad de determinar la duración exacta de una relación entre dos individuos, de forma que pueden explorarla con conocimiento exacto de su duración -horas, meses, años, toda una vida-. 

En la mayoría de casos, se trata de un medio eficaz para la satisfacción de las necesidades sexo-afectivas -con mayor énfasis en el primero de los elementos-. En algún momento, después de algunos ensayos, la aplicación tendrá la capacidad de encontrar a la pareja ideal -el "perfect match"-, aquella con la que existe una compatibilidad casi perfecta.

Amy y Frank se conocen en su primera cita gestionada por la aplicación. Queda claro que sus personalidades encajan bien. Ese es el motivo de su sorpresa al descubrir que nada más les han otorgado 12 horas juntos. Pese a ello, deciden aprovechar el tiempo del que disponen disfrutando la compañía del otro. 

Una vez en cero el contador, se despiden con cierta nostalgia, pero sin intención de poner en juicio el criterio del sistema. Frank pregunta: "¿Por qué?". Su coach -un aparato de inteligencia artificial similar a un espejo de mano- le responde: "Todo pasa por una razón".

Posteriormente, ambos atraviesan una serie de relaciones penosas, algunas de ellas sorprendentemente largas. Convivencias forzadas que desembocan en un fuerte sentimiento de vacío. En otros casos, múltiples encuentros casuales de una noche, con el mismo resultado: una profunda insatisfacción. 

Durante todo ese trayecto de consumo de cuerpos y vinculaciones verdaderamente infaustas, ambos anhelan un reencuentro con su primera pareja. La oportunidad les es brindada, pero es tristemente desaprovechada, dando lugar nuevamente al ciclo de emparejamientos infortunados.

No es lugar para relatar el final de la relación de Amy y Frank, pero presentadas las premisas de esta crítica a la construcción de vínculos que se vive hoy en día, resulta indiscutible la fragilidad de nuestros ejercicios de relacionamiento, tantas veces vividos con una anticipación al fracaso, la cual desemboca en una sucesión de experiencias efímeras y dolorosas. 

Estamos lejos de tener la capacidad de determinar con precisión la compatibilidad con otra persona y mucho menos calcular con exactitud la duración de una relación. Más allá de la posibilidad de en algún momento disponer de esas herramientas, los hechos demuestran con creces nuestra incapacidad para permitirnos conectar y construir.  

Preferimos la seguridad de nuestras barreras. En el momento en que se empiezan a derrumbar, habrá que caminar con mucho cuidado pues no dudamos en levantarlas nuevamente. Encarceladxs por nuestros propios ideales e imágenes, lo más probable es que optemos por ceder a la lógica del consumo de lxs cuerpxs, al tiempo que dolorosamente prolongamos la existencia de uno de los mitos más peligrosos del amor romántico: la llegada del "alma gemela".

Esta idea, nociva en su misma naturaleza, nos conduce a un constante ejercicio de idealización que impide despertar esa curiosidad genuina por el otro. Mata la capacidad de asombro cuando la realidad desencaja con la imagen previamente establecida. No se trata de renunciar totalmente a nuestras expectativas y preferencias: es necesario tener claridad en la búsqueda. El reto, hoy más que nunca, radica en trabajar la voluntad de permanecer, construir y actuar con genuina ternura, cuidado y responsabilidad afectiva.

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