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Lecciones para volar - Arizona Dream (1993, Emir Kusturica)


Empezar el día con la fuerza hipnótica de un filme de Kusturica es más estimulante que la misma cafeína de nuestras bebidas matutinas. La recomendación apareció en un portal especializado en publicación de listas de cintas cinematográficas -High on films-. Compartieron un fotograma: el retrato de un joven Johny Depp -Axel-, apoyado sobre sus antebrazos, con mirada anhelante. 


Así inició una jornada más en ofrenda al cine. Ejecuciones brillantes, sostenidas por una sensibilidad única e irrepetible, como solo puede ser la del realizador serbio, que en esta ocasión presenta una obra honesta, mágica. Arizona Dream mueve fibras interiores. Expone deseos, temores humanos comunes: el paso del tiempo, el asecho de la muerte, la fragilidad de la memoria, incapaz de aprehender los sueños y su naturaleza muchas veces incompatible con la realidad.


El equilibrio logrado se traduce en una experiencia íntima, profundamente conmovedora. Los personajes transitan con naturalidad entre episodios de violencia frenética, confrontación, melancolía y vulnerabilidad. Un electrizante dúo femenino, madre e hija, encarnado por Elaine -Faye Dunaway-, en el punto álgido de su belleza, consciente de la cercanía de su ocaso, y Grace -Lili Taylor-, joven atormentada que aspira liberarse de esa fuerza opresora que es el legado de los progenitores.


Paul, interpretado por el magnífico Vincent Gallo, tampoco escapa a la dictadura de la tradición: se visibiliza en la imagen del hombre infranqueable que proyecta, esclavo de su propia vanidad. Encuentra libertad en la actuación, su sueño irrealizable. Permite al espectador disfrutar de sus fantásticas recreaciones de escenas icónicas del cine.

Cada personaje construye su propio conjunto de ficciones, al cual nunca renuncia. No tienen otra opción que entregarse a su propia voz interior, misteriosa e insatisfecha. En medio de la añoranza y los delirios de sus mentes perturbadas, de perros siberianos y de un pez flotante, construyen intensas conexiones, basadas en promesas que en algún momento se derrumban.

Las máquinas voladoras que fabrican apenas logran elevarse, a veces se estrellan, en sintonía con sus propias aspiraciones. Una representación de la pugna entre la existencia terrenal y el deseo de liberarse de ella. Axel, Elaine, Grace y Paul han de entregarse, cada uno a su ritmo, al flujo constante e interminable de la vida. Comprenden que la muerte es un tránsito, una invitación al abandono definitivo del espíritu y su lento caminar, como los pasos de las tortugas liberadas en medio de la tormenta.

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